Entre el brillo y el respeto: la reflexión de la Semana Santa de San Fernando 2026

La Casa de Anás | Opinión La Semana Santa de San Fernando 2026 ha sido plena, pero deja una reflexión necesaria sobre el respeto, el estilo y el rumbo de

La Semana Santa ha sido plena en todas sus vertientes. Hemos disfrutado de las cofradías como hacía algunos años que no lo hacíamos. Parecía cosa de aquella época prepandemia en la que vivíamos una semana sin restricciones, con buen tiempo y con ese sabor único que tiene una cofradía en la calle.

Un amigo la calificaba en una conocida red social como la Semana Santa de los palios encendidos. Y no le faltaba razón.

Difícil encontrarnos algo así en una Isla que vive a merced de dos vientos. Cuando no es el levante, es el poniente. Por eso celebramos una semana en la que se ha quemado la cera: la de las candelerías y la de los hermanos que portaban cirios.

Ha sido también un año de estrenos, como el de la nueva permanente del Consejo, con Eduardo Coto a la cabeza, y con ella la campaña de respeto hacia nuestros cortejos y hacia nuestra Semana Santa. Una campaña que, sinceramente, creo que no ha servido de mucho, por varias razones que contaré más adelante.

La Semana Santa de la Isla se ha convertido en un reguero de pasos dorados… y de los que están por llegar. ¿Quién ha visto y quién nos ve? O mejor dicho, ¿quién recuerda aquellas Semanas Santas de los ochenta, de los noventa y de los primeros años del nuevo milenio, donde poco a poco fueron llegando los estrenos de pasos a nuestras hermandades y cofradías?

Fue entonces cuando los pasos de ebanistería y metal, como los de Casana o Lucena, fueron dejando paso al brillo del dorado en todos sus estilos: barroco, neobarroco, rocalla… y un sinfín de formas del buen hacer, en la mayoría de los casos.

Ahí tenemos ese “joyero” que es el paso de Nuestra Señora de la Caridad y el Cristo de la Salvación, donde este año ha culminado el cierre de su canastilla con la plata y el diseño de los Hermanos Delgado, además del tesón de sus hermanos. Sin duda, es una obra mayor, y tenemos la fortuna de disfrutarlo aquí cada Martes Santo.

Otro estreno que este año se ha consolidado es la remodelación del paso del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y Nuestra Señora del Mayor Dolor.

Y aquí no soy objetivo.

Estoy viviendo —permítanme la expresión— un auténtico flechazo cofrade con esta hermandad, que a pesar de su carácter humilde y de ese talante de no querer llamar la atención, se ha convertido en una de las cofradías imprescindibles para todo buen cofrade.

De las que hay que ver de principio a fin.

De las que parecen sacadas de otra época.

De las que te regalan cada primavera la sensación de que el tiempo no ha pasado.

Parece que el buen gusto y la excelencia cofrade conviven en el barrio del Cristo, antigua collación del Monte, uno de los barrios más antiguos de la ciudad.

Es una cofradía de negro, de las que hay que ver desde la Cruz de Guía hasta el Preste. Y además se encuentra inmersa en la remodelación del hábito nazareno, algo tan importante para buscar la excelencia y esa teatralización efímera que supone contemplar una cofradía en la calle.

Y tanta falta hace en muchas hermandades, que aún no tienen definido, pese a las décadas transcurridas desde su fundación, que su hábito, sus tejidos y las características de su túnica funcionen realmente.

Es cuestión de mirar otros espejos… y de no tener miedo a preguntar. Al buen entendedor…

El otro gran estreno de la Semana Santa de San Fernando ha sido el paso de palio de Nuestra Señora de la Paz, titular mariana de la Hermandad del Perdón, en el barrio de la Casería.

Treinta y cinco años después de que Juan Ventura abriera sus ojos verdes al mar de la Bahía de Cádiz, la Madre ha acompañado a su Hijo.

Aquel que abrió camino con los brazos en cruz, contra viento y marea.

Aquel que transformó una humilde cofradía que apenas llegaba al centro en un referente de hermandad de barrio.

Aquel que, en su largo caminar, venía muchas veces casi solo, arropado únicamente por el calor de los suyos.

Pero este año todo fue distinto.

Porque este año todos éramos del Perdón.

Y todos éramos de Nuestra Señora de la Paz.

Porque sabemos lo que ha costado.

Porque sabemos lo que hay detrás.

Y porque lo que se ha puesto en la calle es un paso de palio digno, proporcionado, con personalidad… y con un sabor cofrade que roza el cum laude.

Y entonces llegó la Carrera Oficial.

Y con ella, la realidad.

Todo el respeto que se pedía en campaña le fue negado en muchos momentos.

Y no por lo que se vio… sino por cómo se juzgó.

Se criticó la forma de andar.

Se criticó el estilo.

Se criticó la personalidad.

Un paso de palio que andaba de frente, con decisión, sin complejos, cumpliendo con su recorrido y conquistando el centro de la ciudad.

¿De verdad eso es motivo de crítica?

¿Existe un estilo oficial?

¿Quién lo define?

Porque si algo ha hecho siempre San Fernando es mirar hacia fuera para construir lo nuestro. Y no les culpo.

No quiero ponerme a la altura de tantos valientes que, bajo un pseudónimo, se han dedicado a insultar, a crear memes y, en algunos casos, a cruzar líneas que nunca deberían cruzarse.

Tengo claro que hubo cosas que no me gustaron.

Pero no por ello voy a meter a toda una ciudad en el saco de la intolerancia.

La Semana Santa terminó con un estreno que sus hermanos recordarán toda la vida.

Y yo también lo recordaré.

Pero ojalá sepamos quedarnos con lo importante.

Que nadie juzgue solo de los respiraderos hacia abajo.

Que miremos a Jesús y a María.

Que entendamos el esfuerzo que hay detrás de cada paso en la calle.

Y que aprendamos a convivir con lo que no pensamos igual.

Porque la Semana Santa no necesita más enfrentamientos.

Necesita más verdad.

Sin más, y con mis deseos de una feliz Octava de Pascua,

sean felices.